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Procedimientos Operativos Estandarizados de Perforación

Procedimientos Operativos Estandarizados de Perforación


La perforación es una actividad de ingeniería rigurosa. El cumplimiento de los procedimientos operativos estandarizados es crucial para garantizar la calidad, la eficiencia, el control de costos y la seguridad operativa de la terminación del pozo. Los procedimientos estandarizados no son reglas rígidas, sino la transformación de las mejores prácticas acumuladas a lo largo del tiempo en pasos claros, repetibles, controlables y verificables. Un proceso completo de perforación generalmente se divide sistemáticamente en cuatro etapas principales: preparación, perforación, terminación del pozo y aceptación.


Etapa 1: Preparación de la Construcción y Diseño del Sitio. Esta etapa es la base de todo el trabajo y determina el progreso sin problemas de las operaciones posteriores. El proceso comienza con la medición y el marcado precisos de la ubicación del pozo en el sitio, según los planos de diseño o los planes preestablecidos. Posteriormente, se nivela y despeja el sitio para garantizar que la plataforma de perforación tenga una cimentación sólida y nivelada, y se planifican los pozos de circulación de lodo, las áreas de almacenamiento de materiales (como tubería de perforación, revestimiento del pozo y medios filtrantes) y las rutas de acceso seguras. Todos los equipos, herramientas y materiales deben inspeccionarse y verificarse a su llegada para garantizar que se encuentren en buen estado. Cuanto más exhaustiva sea la preparación en esta etapa, menos interferencias inesperadas se encontrarán durante la construcción posterior.


Etapa 2: Perforación y Registro de Recortes. Esta es la base del proceso. Al iniciar la perforación, la plataforma generalmente arranca suavemente con una ligera presión y rotación lenta, ajustándose gradualmente a los parámetros normales una vez que la broca penetra en la formación. Durante la perforación, los operadores deben monitorear continuamente la presión de la plataforma, la velocidad de rotación y el retorno del lodo, y registrar meticulosamente la profundidad, las características litológicas y los cambios en las diferentes formaciones encontradas. Esto se denomina "registro de pozos" y es fundamental para determinar la ubicación de los acuíferos y el plan de instalación del revestimiento. Simultáneamente, se debe mantener una circulación continua de lodo o agua limpia para enfriar la broca, retirar los recortes de roca y estabilizar la pared del pozo. Después de perforar cada tubería de perforación, se debe detener la perforación y reconectar la tubería según el procedimiento prescrito para garantizar la seguridad operativa y la verticalidad del pozo.


Tercera etapa: Instalación del revestimiento, relleno de grava y lavado del pozo. Tras alcanzar la profundidad predeterminada, comienza la etapa crítica de convertir el pozo en un pozo de agua. Primero, se reemplaza por completo el lodo de perforación y se realiza un lavado preliminar. A continuación, se instala de forma uniforme y vertical el entubado preconectado (una combinación de tubería filtrante y tubería sólida). A continuación, se introduce grava cuidadosamente seleccionada con el tamaño de partícula adecuado (medio filtrante) en el espacio anular entre el entubado y la pared del pozo para filtrar el agua y evitar la acumulación de arena. Posteriormente, se realiza un lavado de pozo potente y exhaustivo con un pistón, un compresor de aire o una bomba de agua para eliminar las partículas finas del medio filtrante y el acuífero hasta que el caudal de agua se estabilice, el agua esté limpia y libre de arena, y se alcance la capacidad de producción de agua del pozo.


Cuarta etapa: Prueba de bombeo y aceptación final. Esta es la inspección final de la calidad del pozo. Tras la instalación de la bomba de agua, se realiza una prueba de bombeo durante varias horas consecutivas para medir con precisión el caudal estable a diferentes niveles de descenso, y se toman muestras de agua para analizar su calidad. Simultáneamente, se verifican datos clave como la profundidad del pozo y la profundidad de instalación del entubado. Se recopilan y entregan al propietario todos los registros de construcción, datos de pruebas e informes de aceptación. Finalmente, se limpia la obra para garantizar un entorno limpio y ordenado al finalizar. Este proceso de circuito cerrado, desde la preparación hasta la aceptación, mediante un control estandarizado en cada etapa, maximiza la garantía de que el pozo final entregado sea de alta calidad, con un caudal estable, una calidad de agua cualificada y una larga vida útil.